Comienzo mi viaje por Tailandia

A ver qué pasa.

Comienzo mi viaje por Tailandia.

Hace unos días dejé Argentina para aterrizar en la ciudad que me vio crecer, y para haberme visto nacer y crecer no puedo estar más desapegado. Parece obvio que voy a tener que volver una y otra vez, ya sea para ver a los míos o incluso para trabajar, pero no es lo que más me apetece. Lo asumiré, no queda otra, yo soy de los que están bastante contentos en esa zona de confort que tanto se empeñan en que abandonemos, viviendo perfectamente en mi mundo lleno de contradicciones.

He pasado poco tiempo en Zaragoza, apenas para tomar unos piscolabis con los mios. Especialmente agradable la charla con mi tío, un tipo con el que se puede hablar sobre cualquier tema. Obviamente también visité familiares y bromeé de manera ácida con mis amigos más cercanos, les anime para que algún día viajen conmigo del mismo modo que viajo yo: hostel, poco presupuesto y planes los justos. En todo caso, más allá de intentar convencerles, las conversaciones van tomando diferentes matices, pero siempre saliéndose de lo convencional. Es lo que me gusta de ellos, no hay tabúes ni mierdas que ocultar, hablamos de lo que nos apetece sin filtros rebasando los límites que a veces marca la sociedad. 

Como digo, Zaragoza sigue igual y así seguirá porque somos capaces de mantenerla sin romper un plato. Tradicionales hasta decir basta, majos, pero con un aire somarda agobiante. La ciudad es fea, tiene sus cosas decentes, pero es fea. De hecho, cuando pregunto si conocen mi ciudad en esos viajes que hago, pocas personas aciertan a decir que sí. Alguno por el equipo de fútbol, otros por haber pasado por la gigantesca estación intermodal, pero en líneas generales no es una ciudad conocida en el extranjero.

Volvamos al rollo viajero. Resulta que me voy a Bangkok. Voy a aterrizar en la capital tailandesa, aunque mi idea es quedarme poco tiempo ahí. Muy molona tiene que ser para que me quede más tiempo. No tengo intención de visitar los mercados flotantes ni la madre que los parió. Ni los templos ni nada por el estilo. Quizá salga por la noche a fotografiar con trípode, pero no me apasiona nada salir a disfrutar de las bondades que dicen que tiene la ciudad. Leo sobre ella y cuanto más lo hago menos ganas tengo. Será que me estoy desligando de las ciudades, igual es eso. El hecho es que no disfruto mucho en las grandes urbes: Buenos aires está guay y disfruté por la compañía, es obvio, pero como ciudad me da igual. Parece ser que Bangkok tampoco me apasiona a priori, vamos, que si hago un resumen de las últimas ciudades grandes visitadas se salvaría Berlín, por la historia flipante que tiene y Lisboa, porque es la re hostia de vivible.

A Bangkok vuelo con Saudi airlines. Reconozco que no había oido hablar nunca de ella hasta que me puse a buscar billetes baratos. La compañía aérea de Arabia Saudí de la que no hablaban muy bien, pero como no tengo mucha plata pues no me lo pensé mucho. También me comentaban de lo atractivo de sus escalas. Yo voy a pasar más de 7 horas en Ryadh y algo así en Jeddah. Comentaron en algún foro que tenían miga, que era un poco espectáculo pasar por esos aeropuertos, pero no me quisieron decir por qué. Más abajo en este mismo texto podré explayarme yo mismo. 

Monjes en templo Tailandia.

Ya metido de lleno en el vuelo noto que están preparando el refrigerio habitual y huele a especias que tira de espaldas. Eso sobre la comida, pero hay más. Lo guapo de viajar es que ves, hueles y sientes cosas que metido en tu burbuja mínima jamás las podrás disfrutar. Me acaban de dar té árabe (arabic tea), una infusión que jamás había probado; es raruno el sabor, pero interesante, no sé si rico o no, interesante, insisto. Resumiendo, uno va apreciando lo diverso del mundo más allá de sus fronteras o de su ombligo y eso está muy bien, mirar más allá de lo suyo. 

Otra cosa que me está dejando con el culo del revés y que obviamente no había visto jamás es que al lado de mi asiento hay un tipo rezando. Y no te digo que está soltando el rosario de memoria veinte veces, no, es musulman y ya sabéis como rezan los musulmanes, tienen su particular ritual, así que el avión tiene un apartado para ello, con una pantalla donde se ve el avión desde arriba y la dirección a La Meca. Me váis a llamar paleto, lo que sea, pero nunca lo había visto en un avión. No me jodas que muy habitual no es, vive dios (esta coletilla me la permitan). En todo caso, me mola, me gusta y oye, perfecto, ¿quién soy yo para pensar que no?

Disfruto un montón viajando, me costaría relatar detalladamente, es algo que me apasiona sin hacer ruido, sin grandes sensaciones físicas, es un placer que supera con creces otros, de hecho sacrifico muchos placeres para poder viajar. He estado un tiempo reservando todas mis fuerzas y recursos para poder viajar durante estos meses que no son muchos, pero que me han colocado en una posición verdaderamente ilusionante pudiendo estar sin trabajar todo este tiempo y dándome a la buena vida. Volveré a la vida de proletario, no cabe duda, pero de momento ahí estoy y lo mejor de todo es que me he dado cuenta que se puede, que los miedos a veces son infundados y que si hay que luchar por un sueño, lo mejor es hacer, porque hablar y hacer no es hacer, hacer es hacer.

Hago un salto en el tiempo para ponerme en situación y es que ya estoy en Bangkok. Y no digo que sea un caos, pero yo me he vuelto un poco loco para entrar en el país. Obviamente es porque soy un poco lerdo y le doy una importancia enorme a detalles que no lo son tanto debido a que a veces no entiendo bien los idiomas o porque me embarga cierto miedo. Una vez pasado el trámite aduanero tuve que cambiar dinero, sacarme la tarjeta SIM y tomar el Skytrain para ir al centro y de ahí al hostel, ésto te coloca en disposición de ir tomándole el pulso a la ciudad. El calor por la noche es importante, pero nada que ver con lo que uno vive al amanecer, podría decir que Bangkok se hace indisfrutable debido a su humedad. Caminar es un error, todo el mundo va en taxi o en Tuk tuk, pero yo que soy medio imbécil prefiero andar por una cuestión de estupidez.

En un nuevo capítulo os hablaré de la ciudad, aunque ya os adelanto que mi idea es estar el menor tiempo posible. Disfrutad.

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