Dudas viajando por Tailandia

Viajar no es tan idílico.

No, mentira, viajar mola un montón, pero también tiene sus cosas malas y de ahí esas dudas viajando por Tailandia.

Tendemos a pensar y es lo que suele ocurrir, estando en nuestra casa, aguantando lo que sea que haya en nuestro día a día, trabajando y sintiendo que es todo una mierda, echando un ojo a instagram, que los que andan por por el mundo viajando y colgando fotos súper guapas, tienen mucha suerte y pensamos en lo felices que deben de ser, porque a priori eso es lo que se muestra. Pues bien, sí, pero no. Ya se lo cuento yo; hay momentos en los que quizá no deseemos la vida esa de mierda de curro-casa-curro-casa, pero sí echamos de menos poder tener un momento de tranquilidad en un lugar que no es ajeno y en donde nos sentimos cuidados.

Ésto lo expongo aquí porque mis últimos días los he dedicado a montar y organizar todo lo que en un futuro espero poder disfrutar. Es decir, nada exótico, aunque son cosas que hay que hacer y que no se ven en las redes sociales, y normalmente van bien, en otras ocasiones son una tortura. Si te vas a la otra punta del país que estás visitando y tienes que volver a un punto de referencia sin tener unos recursos inmensos, lo normal es que te comas unas buenas horas de trayecto. Y sí, ese fue mi caso, pero al menos lo hice en un tren nocturno muy chulo, muy cómodo y en el que viajé de once. Y ésto lo hice porque como ya conté, mi idea primigenia era cruzar a Laos, pero es que dejó de apetecerme. Para conseguir cruzar a Camboya, además de volver a Bangkok, he tenido que sacarme el visado por internet en tiempo record, cambiar dólares, pegarme toda la mañana para conseguir una agencia de viajes que me lleve hasta Siem riep y fiarme de que al final llegue porque uno no sabe si le pueden timar. Entonces, quizá fuera un poco complicado hacerlo todo en un corto espacio de tiempo. Mejor abarcar poco y lo poco que sea bueno sin ir a lo loco. Así que, estos dos últimos días han sido de no hacer nada por ir descansado a un viaje de doce horas o, pegarme toda la mañana de papeleos. Ambas dos son parte fundamental del viaje.

Efectivamente, estoy en Camboya, un país empequeñecido turísticamente hablando por su vecino del que vine hace un par de días. Pasados dos días me he llevado más alegrías casi con Siem riep que con Tailandia. Es mucho decir y a lo mejor estoy exagerando, pero se nota un cambio a mejor. La gente me ha sorprendido. Me comentaban en un foro que están un poco enfadados con el extranjero porque cuando Pol Pot estaba haciendo aquí de las suyas nadie les echó una mano, pero vaya, nada más lejos de la realidad, la gente aquí te sonríe, te mira a los ojos y hay un buen rollo con ellos que me ha gustado.

Incluso con el tráfico y es que lo que en principio parece una jaula de cabrones al volante, cuando uno se mueve en un medio de transporte lo entiende a la perfección. Es una desorganización casi perfecta, un oxímoron de esos que te encuentras de vez en cuando, lo que me lleva a pensar que si nosotros en españa no somos demasiado organizados (yo creo que no, aquí no se hace por correr más que el otro con el nuevo modelo de coche molón). Al principio te choca y asusta un poco viendo como dirige el conductor, pero al final miras para otro lado y si sabes rezar, adelante con ello. Yo he ido en bici y sí, tienes que tener los ojos bien puestos en todo, pero ellos también hacen lo mismo y la cosa mejora conduciendo tú.

Siem Reap, no la ciudad, el entorno incluyendo Angkor creo que merece algo más que 3 días. Merece pasar al menos 15 días y lo digo sin exagerar. No es porque la ciudad sea espectacular, que no lo es, ni porque tengas que ver todos las edificaciones, es porque este clima y los detalles que puedes encontrar en la zona de los templos, la cosa hay que tomarla con calma y nosotros los turistas no vamos con calma, vamos a todo tren y es una matada gorda. Yo me voy con un sabor algo más dulce que amargo porque he vivido un poquito la ciudad, sin ver mucho, porque no hay mucho para ver, pero me he sentado por ahí, he intercambiado con diferentes personas, como con aquel profesor australiano que me dio una magnifica charla sobre Preah Khan explicándome que aquello no era un templo, sino más bien una universidad tan antigua como la de Bolonia. Hay que pasar más tiempo en Angkor porque es bueno ir con tranquilidad, como va el ciudadano, a la marcha, que es lo que hace pararte más a disfrutar de todo.

En resumen, me voy al océano en busca de playas, no de sol porque lo tengo todo el día encimita de mi. Es época de lluvias como aquí te recuerdan, pero agua hubo hace unos días, pero poco más (ahora mismo, cuando escribo ésto ha empezado a llover, fíjate) Eso sí, si llueve, prepárate. Arranco para allá, pero Siem riep lo llevo guardado en mi cabeza, no tanto en mis tarjetas SD de la cámara, porque no es del todo fotogénico el entorno sin posibilidad de moverte a tu aire y a veces no se da, por lo que sea no se da. De hecho cuando me preguntan si me voy a dedicar a la fotografía en plan profesional siempre respondo con un rotundo no por varias razones, una de ellas es porque quizá soy algo vago y le doy más importancia a vivir el momento que a buscarlo para la fotografía y si surge, vale y si no, todo está grabado en mi cabeza. Aún así prometo más fotos.

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