4 Cosas que no me gustan de Argentina

4 cosas que no me gustan de Argentina.

Tranqui, no son lo suficientemente graves como para no disfrutar del país.

He escrito en este blog  que Argentina me tiene enamorado. Hasta el día de hoy todo han sido bellas palabras, magníficos piropos que hacen que quede como un poco panoli, así que ha llegado el momento de hablar de lo que no me gusta.
Dejo claro antes de nada que en absoluto son un problema, son pequeñas acciones y situaciones que yo, invasor extranjero, no llego a entender muy bien o en otros casos, soy desconocedor de su origen.

A lo largo de lo que me queda de viaje seguro que va apareciendo alguna que otra más, pero estas 4 cosas que no me gustan de Argentina son las que hoy en día me tienen mosca.

No me malinterpretéis, todo ésto de lo que os voy a hablar no empaña ni por asomo lo maravilloso del país, de hecho como disclaimer casi podría asegurar que la gran mayoría de argentinos que conozco, salvo en lo de la gastronomía y quizá también la siesta ( dos de cuatro ) estarán de acuerdo conmigo.

Una que compartimos

La siesta.

Aunque en mi tierra natal también es costumbre, aquí toma una dimensión mayor. Ésta es una de esas cosas que nunca he entendido. En alguna ocasión he pecado, ha pasado y he caído en la trampa. Sí, he dormido siesta, aún así me parece una pérdida de tiempo que no sirve más que para despertarse muy jodido y enfadado, además de resultarme casi un acto onanista.

El hecho es que además entronca directamente con algo que va a salir en otro punto de esta lista. La siesta en algunas partes de Argentina es sagrada. Cuando digo sagrada hablo de que es algo casi sectario. Se defiende a muerte por lo que veo y lleva incluso a detener ciudades. Lo viví en La Rioja, Argentina, y deja muy a las claras que poca broma con ésto porque si hay que dejar cerrados todos los establecimientos, se baja la persiana y ancha es Castilla.
Intentar tomar un café, alimentarte o comprar cualquier cosita a veces se hace difícil o también, como anécdota, las líneas de autobús reducen su frecuencia. Ésto último tiene su lógica: a menos viajeros potenciales, para qué seguir con un servicio con baja afluencia de viajeros ¿no? (¡no!).


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Paso de peatones

Otra de las 4 cosas que no me gustan de Argentina

Los pasos de cebra me encantan, las rayas en el suelo son el bien si eres peatón, de hecho hay sitios como Sibuya en Tokio en donde es ícono viajero y reclamo turístico, pero en algunas partes de Argentina son mera decoración intrascendente.  Eso en la cabecita de alguien que adora las buenas costumbres viales es desconcertante. Tengo la sensación de que algunos conductores argentinos tienen poca paciencia y el resto, los que suelen actuar bien, se ven abocados a seguir el ritmo de los infractores para no sufrir accidentes.

Soy un extranjero que viene aquí a disfrutar de las costumbres locales, no es mi intención (sería ridículo lo contrario) cambiar la mentalidad de nadie, pero lo llevo muy mal, no lo entiendo, me parece una falta de respeto enorme. Por supuesto también pienso que es un gasto innecesario pintarlas, no merece la pena gastar ni un peso en señalizar algo que no se va a respetar.

Hay ocasiones en las que me he sentido como cuando he viajado a Londres, por poner un ejemplo de lugares en donde conducen de manera errónea. Al intentar cruzar la calle he caído en la cuenta de que vienen por el otro lado no sin antes haber tenido algún susto por propia estupidez. Aquí la sensación es similar, pero no porque los coches vengan al revés, simplemente porque vienen y no paran.

Al final te acostumbras y no te confías, pero durante los primeros días en el país (en Buenos aires no es tan así) tu vida corre peligro cruzando el paso de peatones confiando en que nadie se lo salte.

Ante algún que otro Kamikaze te entra el mal humor y el enfado se mantiene, eso nunca desaparece, pero al final fluyes con ello, te dejas llevar y comprendes el funcionamiento. Resignación, hermanos.

4 cosas que no me gustan de Argentina

La gastronomía

La carne sí, por lo que cuentan, pero ya.

Hablaba ayer mismo de ésto con un amigo, sobre que el papeo en Argentina no tiene absolutamente nada de malo. De hecho me pongo como un cerdito en lugares como Güerrín o alucino cuando me encuentro medias lunas hechas por propios angelitos. Se come mucho y se come bien en Argentina, el problema, siendo vegetariano, lo tengo yo. Pueden imaginar el suplicio que es para mi caminar por estas calles en donde a veces el olor a asado es dulcemente insoportable. Ojo, aclaro que sí, que es un verdadero placer para mi ir oliendo algo tan rico por la calle por muy vegetariano que yo sea.

Lo que me pone un poco triste es la falta de variedad. Con éste mismo amigo comentaba que la comida popular, lo que te encuentras en los bares, restaurantes de toda la vida en donde ha comido el pueblo argentino, es muy poco variada. Completamente seguro de que existen en la república lugares en donde la variedad es el reclamo principal, no hay duda de ello, solo hay que encontrarlos.

Pero las opciones son escasas y efectivamente siendo vegetariano la cosa todavía se reduce más. Soy amante de las tapas, de comer en la barra del bar, de pie y pidiendo al camarero que me ponga ésto o aquello, eligiendo entre decenas de opciones apiladas en un espacio reducido para tantos manjares (tampoco es tan así en mi lugar de residencia, pero a la cabeza me vienen recuerdos de bares típicos del barrio de la Magdalena en Zaragoza) y desgraciadamente todavía no he cambiado el chip.

En todo caso, ningún problema con ésto si eres omnívoro. La Argentina es enorme y cada región tiene su magia, así que a disfrutar. Sin ir más lejos, como ejemplo, el otro día anduve en una presentación artística en donde la provincia de Chaco era el principal reclamo y el catering estaba basado principalmente en pescado de río, cosa que en Buenos Aires no suele ser habitual (hablando desde casi el desconocimiento y basándome en mi experiencia)


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Un problema que no solo Argentina sufre

La inseguridad

No me gusta a mi y no le gusta a nadie. En todo caso, aclaro que en casi tres meses que llevo viajando por Argentina, cero problemas. Nadie me ha violentado, ninguna persona me ha hablado mal, he estado en todo momento relativamente tranquilo, aunque ésto último habría que matizarlo.
Ésto que estoy escribiendo se basa en experiencias que me han ido contando mis amigos. Trucos y precauciones que voy asimilando. 

«Avísame cuando llegues» suele ser una frase que se utiliza habitualmente cuando te despides de alguien en la noche. Hasta el otro día, imbécil de mi, nunca había reparado en algo que para la mitad de la población mundial es algo habitual. Mientras caminaba una noche cualquiera de vuelta a casa empecé a pensar en cómo se deben sentir las mujeres en cualquier lugar del mundo, incluido mi país, por supuesto, volviendo a casa caminando por las calles menos transitadas o con poca luz.
Esa intranquilidad y algo de desasosiego que sentí al ir caminando con esa frase en concreto en la cabeza, pensando que algo chungo podría pasarme, estando en todo momento alerta de la gente que veía a lo lejos, de los peligros que pueden aparecer en una esquina poco iluminada, fue algo agobiante. Respirar aliviado cuando ves vehículos transitar en una avenida con mucha luz, al comprobar que de momento estás fuera de peligro, eso también es algo que pocas veces había sentido. Por norma general no suele ser una situación que viva habitualmente.

Sé que puede parecer una exageración, a mi mismo me lo parece, al fin y al cabo no pasó nada y creo que nada malo va a pasar caminando por esa zona por la que anduve yendo a casa, pero la idea es poner en situación al lector. La lectora sabrá perfectamente de qué hablo.

Desgraciadamente no solo en la noche la cosa puede ponerse difícil, el tiempo de la siesta también puede ser un momento complicado si caminas por según que lugares.

Mi paranoia me juega malas pasadas de vez en cuando y es contradictorio porque a veces peco de descuidado, excesivamente confiado, bajo la guardia y es cuando me dicen que no, que hay que ser precavido. Entonces a partir de ahí y durante un tiempo exagero la defensa pensando que todo el mundo puede ser beligerante contra mi. Totalmente ridículo, lo sé.
Esa intranquilidad no la sé llevar bien. No digo que me cree problemas ni traumas, más bien hablo del mecanismo; todavía no sé cómo actuar, no he encontrado el término medio. Si bien todo es mental, la idea es conseguir relajarme, relativizar y saber medir el riesgo real. Es necesario que llegue a ese punto cuanto antes ya que no me gusta ponerme en modo Navy seal con todo dios porque siento que estoy siendo asquerosamente injusto.

Resumiendo

Estas 4 cosas que no me gustan de Argentina se quedan en agua de borrajas. Estoy maravillosamente  encantado de estar aquí y el hecho de haber vuelto debería ser prueba de ello. Los argentinos me han recibido siempre, insisto, siempre muy bien y no tengo más que palabras de agradecimiento.

Espero y deseo que entiendan que ésto es solo una visión diferente de lo que venía aclamando desde meses atrás. Argentina es maravillosa y tiene mucho que ofrecer al viajero que se anime a venir.

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