Belgrado de mis amores

Un paseo por la capital más interesante de los balcanes

De ésto hace más de 10 años y ¡Qué recuerdos!

Belgrado puede que sea una de las ciudades mas divertidas que conozco y eso que a simple vista parece que no haya nada para que te lo pases bien. Sus calles no son un espectáculo arquitectónico para admirar como en Budapest o en alguna que otra bella ciudad polaca. Belgrado no es un destino monumental, no es un lugar donde sus monumentos compitan en belleza con nada. Mi primer contacto con la ciudad fue al venir precisamente de Budapest, en un horroroso viaje nocturno en tren. La capital húngara es preciosa, con un pasado maravilloso, pero no me sentí ni por un segundo tan bien como cuando pisé por primera vez la capital serbia. Mientras salía de la vieja estación y el sol me daba directamente en la cara pude imaginar que aquello iba a ser diferente, iba a ser especial.

Quiero insistir que no es un destino fácil. No es un lugar de guía Lonely Planet ni falta que hace, pero pinta la cara a mas de una ciudad con mas fama y prestigio. Su belleza está plasmada en cada paso que uno da. Boquiabierto te quedas al ver el ambiente que hay en la calle, la cantidad de gente joven que anima sus plazas y el caos de tráfico que puede llegar a cansar, pero que a uno, como toma de contacto, en una ciudad nueva le parece atractivo. Cierto es que yo disfruto mas con edificios viejos que con rascacielos impersonales, con callejuelas estrechas que con bellas avenidas adornadas con miles de faroles del siglo de María Castaña. La ciudad te acoge, te abraza, te da lo mejor que tiene y si eres espabilado, si le agradeces su hospitalidad fusionándote con ella, todo va rodado.

Uno de sus puntos fertes es Kalamegdam; una parque, muralla, fortaleza, todo en uno, al lado de la bella unión que hacen los ríos danubio y sava. Con unas vistas maravillosas del nuevo Belgrado y sus puentes. Unos puentes, cerca de kalamegdam, cercados en algún caso por chatarra de vete tú a saber qué.

Los pequeños puestos con recuerdos te dan la bienvenida a una de las calles mas concurridas de la ciudad: Kneza Mihaila. Una calle repleta de cientos de miles de detalles. Cuando se camina por ella hay que estar muy atento a todo, no hay que perderse detalle. Decenas de terrazas, de cafés, de bares se mezclan en el maravilloso ambiente que se crea. Cerca, callejeando, en frente de Saborna Crkva, puedes toparte con la kafana ?, donde puedes llenarte los morros de grasilla deliciosa si pides el cesto de pan con cerdo, que es un plato obligatorio antes de irte de la ciudad. Desde allí, caminando calle abajo, acabaras en la Plaza de la República, punto de encuentro de la muchachada y que en verano se llena de guapos y de guapas.

Una de las partes que mas me gusta de Belgrado está muy cerca de la plaza de la república. Para no liar la cosa la llamaré La zona del puente Brankova. Un aire dejado en sus edificios, el danubio corriendo cerca, pubs, clubs, bares, bullicio mañanero y sobre todo Casa García. Un bar español fuera de tópicos, aunque cierto es que está repletito de ellos. Pero lo que en principio puede parecer un lugar que no hay que pisar por ese detalle, se torna en un lugar que hay que visitar sí o sí. No es absolutamente nada del otro mundo en cuanto a diseño o comodidades mil, pero Ay! amigo, el lugar además de estar dirigido por una persona encantadora, es el punto de encuentro, la llave maestra, el lugar perfecto para el comienzo de tus travesuras por la ciudad. Situado en una calle oscura, en cuesta, rodeado de edificios viejos es el perfecto escenario para borracheras, tajás, ciegos, castañas…, mis viajes a esta bendita ciudad no hubiesen sido igual sin ese lugar, de hecho me pregunto en muchas ocasiones si la ciudad me gustaría tanto si no estuviera, si no existiera.

Lo de los pubs o clubs allí es harina de otro costal. Doy fe, puedes encontrarte un buen local en cualquier sitio, en los lugares que menos puedes imaginar. Locales de todo tipo. Grad, que he pisado solo una vez y que me dio la imagen de lo que es la capital serbia: una locura, un goce, una fiesta, una comunión entre unos y otros. Eso se refleja también en sus kafanas, especialmente en la maravillosa Korčagin. Autenticas noches festivas puedes vivir en ella. Justo al lado, pegadito está el Danguba, un antro con diferente programación y actuaciones en directo, pero que me gusta especialmente cuando los lunes se reune la juventud para participar en su karaoke. Una visión diferente de karaoke debo añadir. Jovanka bez razloga es otro que me llamó la atención por su original ambiente. Está situado en Skadarlija o barrio bohemio. Un barrio lleno de restaurantes y cafés. En verano es un pasar y pasar de personas buscando el mejor lugar para comer. Empedrado, en cuesta, con luces que salen de las terrazas llenas de gente cantando y dando palmas al ritmo de canciones tradicionales tocadas por músicos que van de mesa en mesa animando a la parroquia fiel al lugar.

El Jovanka da la sensación de ser una casa. Una casita con habitaciones muy coquetas, con mesas, con gente, con alcohol, con Rakjia, con música en directo, con versiones de Free, de los rolling

Hay una particularidad en los bares de Belgrado. Ya sea un bar, un club o un pub tipo Danguba, con cientos de jóvenes sudorosos bailando, siempre te encuentras un camarero o camarera que te traerá la bebida allá donde estés.

Hay miles de sitios para elegir, mención aparte para sus famosas barcazas veraniegas que desgraciadamente no he pisado una noche de juergota, pero eso habrá que solucionarlo lo antes posible.

Dejando de lado la marcha nocturna, podemos seguir hablando sobre lo que supone caminar por sus calles. Cuando me preguntan qué es lo que me gusta de la ciudad siempre comento que me siento como en casa. En algunos casos es cierto, me siento bien tratado, me siento querido en muchas ocasiones, respetado, camino por sus calles en ocasiones en un estado catatónico mezcla de música en el mp3 y la visión de detalles que me atraen, que me tienen enamorado (y no estoy hablando de las serbias, al menos ahora mismo). Sus autobuses, sus trolebuses, el tranvía. No puedo borrarme la imagen de aquel día en el que iba sentado, dispuesto a emborracharme en Casa García (en 2022 ya no existe), trasportandome en el 83, única línea que conocía en aquellos días. Lúgubre luz interior en el autobús alumbrando a las personas que me rodeaban, yo, disfrutando de la tranquilidad que me dan los autobuses antiguos en la noche. Y es que hay algo que me maravilla de esa ciudad, y es el hecho de la convivencia normal con cosas antiguas, dejadas, sin renovar. A mi me flipa sobre manera, puede que sea una enfermedad, pero me gusta mas que viajar en un megautobus de nuevo cuño. Obviamente la comodidad gana, pero como belleza, no hay color.

San Sava es la catedral ortodoxa mas grande de Europa, aun en construcción en su interior. Referencia por si te pierdes en el lio que supone darte de morros con el cirílico. Está en el barrio de Vracar. Obviamente no voy a decir nada de ella, ya estan las guías turisticas, lo mío sería redundar en adjetivos que llevo utilizando durante las lineas anteriores.

Sí os va la idea siempre podéis tirar hacía el Danubio y visitar los campos del Estrella roja y el partizan. Especialmente llamativo el pequeño maracaná. Las vistas que hay camino de esos dos campos, con un Belgrado que se postra tus pies, con esa particular visión de su skyline que ya debe tenerte enganchado si realmente has entendido lo que supone estar ahí. 

En dirección totalmente opuesta tenemos Novi Beograd. Nos tratan de locos cuando decimos a los lugareños que nos gusta el barrio. Edificios altos, con avenidas anchisimas, con una imagen mas socialista, por llamarlo de alguna manera, que se me antoja épica. Y mas si en unos pasos (en realidad son muchos) te topas con algo como Zemun. Un barrio que alejado del centro se muestra como un pequeño pueblito de pescadores dominando las vistas de la urbe. Un lugar con mucho encanto, con casitas pequeñas, con huertos y donde el tiempo pasa mucho, muchísimo mas despacio que en cualquier otro punto de la ciudad.

A grandes rasgos este es mi pequeño repaso y homenaje a tan maravillosa ciudad. Una ciudad que tiene un magnetismo enorme.

¿Por qué te gusta Belgrado? (de nuevo) me preguntan una y otra vez.

Me tiene hechizado.

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