De viaje por la Patagonia Argentina

De viaje por la Patagonia Argentina

Es hora de mirar hacía el sur.

De viaje por la Patagonia  Argentina, efectivamente, ese es mi nuevo objetivo en este impresionante tour por el maravilloso país argentino.
Desde hace ya unas cuantas semanas dejó de ser novedoso aquello de no planear nada y sufrir los rigores de las decisiones mal tomadas e impetuosas. Mantener el ritmo de concentración y seguir estrictamente un plan es muy cansado, realmente agotador, así que me dejo llevar. Como lado negativo ante esto lo que puedo decir es que es muy estresante si no tienes el coco preparado para superar cierta ansiedad que se crea en tu interior cuando las cosas no salen como desearías. En todo caso así es esto, seguir hacía adelante y ver qué te depara el propio viaje.

De viaje por la Patagonia Argentina

De viaje por la Patagonia Argentina

Mil años fuera de casa

Evidentemente el desgaste se nota. Tantas horas de viaje, tantas polémicas con ciertas personas que «trabajan» (lo entrecomillo porque no sé si técnicamente podría decirse que es su trabajo) en los andenes de las terminales subiendo y bajando las maletas de los viajeros, las horas de espera, las diferentes camas y colchones en los que cada día tienes de dejar caer tus huesos, etc…, todo eso al final, después de cierto tiempo viajando, pasa factura.

Tengo la sensación de llevar mil años fuera de casa. Es obvio que es un disfrute que echaré de menos cuando no esté viajando, siguiendo una rutina pesada y cansina, pero para ser justos y honestos a mi edad empieza a ser un poquito agotador.

Hay cosas que ocurren en este país que no entiendo bien. Son cosas genuinas y auténticas de este lugar, por eso yo no es que no las acepte y quiera revelarme contra ellas, pero cierto es que me afectan porque en cierto modo me siento chantajeado. Incluso, y creo que esto jamás lo he dicho en este blog, yo que me siento una persona de clase trabajadora muy orgulloso de ello no entiendo porque una parte de la sociedad de un país acepta vivir de las limosnas de los demás.

Y precisamente es la clase trabajadora, la que debería luchar porque no fuera así y que se aceptara como tal. No entiendo porque está tan naturalizado el hecho de tener que dejar propina en cualquier lado. No es una postura rácana la mía, no es eso, es que desde el punto de vista y por principios dada mi clase social, no lo veo aceptable.

Es una discusión que tengo contra mi mismo, y estoy seguro de que no lleva a nada, pero después de horas y horas de reflexión e incluso de llamarme a mi mismo tacaño, he llegado a la conclusión que sin ser yo el que vaya a cambiar en absoluto la manera de actuar en un país que no es el mio, por principios me veo en la tesitura de seguir con ello. Históricamente así ha sido en mi propio país, pero a día de hoy se le ven a las costuras a esta manera de actuar, porque en el fondo a quien no beneficia es al receptor de esas propinas.

No quiero, en absoluto, que esto sea un lugar en donde las ideas políticas imperan, pero me es muy difícil alejarme de mis principios básicos, de los que yo considero pueden construir una sociedad más justa, ni mejor ni peor, más equitativa.

» Tengo la sensación de llevar mil años fuera de casa «

Por esto mismo y por una charla que llevaría horas de diálogo no dejo propina en ningún lado. Cuando encuentro un cartel en donde pone «es mi único salario», que suele ser en los baños públicos, hago el gesto de dejar propina, pero no debería tampoco, lo que pasa es que ahí no entiendo el funcionamiento y dejo dinero. Pero ni en los bares o restaurantes y mucho menos con los maleteros dejo ni voy dejar.
Estos últimos además no siempre tratan bien las maletas de los viajeros, así que en alguna ocasión me he encarado dándome cuenta de que es un error actuar así, lo mejor es dejarlo pasar, hacer oídos sordos y darte la vuelta para irte.

Es posible que en algún momento, en sucesivos relatos vuelva a dejar constancia de esto, porque en lo que me queda de viaje por Argentina va a volver a suceder.

Quiero dejar constancia de que es una crítica constructiva, o al menos esa es la idea que utilizo para excusar mis momentos de enojo con cierta parte de la sociedad.
Dicho esto, no me queda otra que centrarme en el relato propiamente dicho de mis movimientos por estas tierras y a eso voy.

De viaje por la Patagonia Argentina

Mendoza

Como pueden comprobar he comenzado mi relato sobre la Patagonia desde la ciudad de Mendoza que poco tiene que ver con la zona sur de la república de Argentina. Y lo hago así porque la idea de moverme hacía esos lares comenzó un poco antes de llegar a esta provincia, así que el pistoletazo de salida es desde esta parte del país que tanto me habían recomendado.

Si bien nada tiene que ver esta región con la Patagonia, tuve un pequeño bautismo de nieve en esta misma provincia. Reservé una excursión para poder ver la base del Aconcagua que al final no pude ver, pero estuve pasando un frío de narices que hasta entonces no había sufrido desde que llegué al país. De hecho una semana antes estaba siendo abatido por el calor y la humedad del Chaco, así que mi cuerpo está sufriendo unos extremos que no creo yo vayan a ser muy beneficiosos en un futuro no muy lejano. Podría decirse que he ido aclimatándome para hacerme una idea de que aquí, aunque parezca mentira, es invierno.

Sobre la excursión a la base del Aconcagua, donde además visitamos el puente del Inca, un lugar mágico, trágico e incluso algo extraño o un pueblo fronterizo junto a Chile, puedo volver a decir, insistir incluso, que no me gustan las excursiones, pero tampoco me gusta conducir en Argentina en lugares donde hay cierto peligro de tránsito, así que no queda otra si quieres visitar algunos puntos importantes en la ruta.

El mismo día en el que iba a alquilar coche para ir a hacer ese mismo trayecto, desde la propia agencia de turismo me dijeron (sin saber que pretendía alquilar un coche, solo pidiendo info) que había probabilidades de no poder llegar a la frontera a causa de un temporal de nieve. Eso sumado a que un chico argentino en el hostel me aviso del peligro de esa carretera en donde transitan cientos de camiones diariamente hizo que al final desistiera del alquiler y optara por la excursión.

Todo genial, todo bien, pero cada día las excursiones se parecen más a un tour de jubilados en donde te lo ponen todo en el morro y te dicen en donde y cuanto tiempo te tienes que bajar del furgoneto.

Debería hacer una pequeña reseña sobre la ciudad, aunque no pasé mucho tiempo en ella. Lo que puedo decir es que en un principio, como toma de contacto, me pareció una ciudad limpia, agradable e incluso amigable, pero claro, estoy en Argentina y me vinieron a avisar que como suele pasar, tuviera cuidado. Aún así yo anduve bastante tranquilo, sin sobresaltos, quizá empujado por esa ingenuidad del turista que aunque sabe que puede correr peligro, no se lo llega a creer del todo.

Mendoza me lo han recomendado encarecidamente, de hecho todo el mundo me preguntaba si había viajado ya por ahí, así que se existía una deuda que había que saldar. No he podido recorrer ni lo básico, unicamente la capital, la base del Aconcagua, Cacheuta, Potrerillos, un poco de Uspallata (todo esto muy de pasada) y San Rafael que también me recomendaron.

Al final he visto poco, o nada mejor dicho, ya que hay infinidad de cosas para ver y yo me las he perdido. Aventurarme a hacer un juicio es mal, dar un opinión sobre la ciudad habiendo estado solo tres días creo que también, pero sí puedo decir que habiendo pasado incluso más tiempo que el turista habitual que viene de, por ejemplo, Buenos Aires, lo que he conocido tampoco me parece para tanto, aunque insisto, el paisaje hasta el mirador del Aconcagua me parece sobrecogedor de bonito, plagado de montañas grandiosas. Picos de seis mil metros de altura y un paisaje soñado que nunca había vivido. Recorrerlos escuchando folclore y disfrutando de ello es una experiencia que deja a las claras mi cambio sobre la manera de ver, sentir y vivir las cosas.

Y acabé mi periplo en la provincia visitando durante unos días la ciudad cercana de San Rafael, a unas tres horas en bus desde la capital. Un pueblo muy visitado, nombrado infinidad de veces en diferentes puntos del país. Todo el mundo me lo recomendaba, así que no podía dejar de visitarlo ¿no?, esto funciona así.

En San Rafael encuentras bastante vida nocturna, al menos bastante vidilla callejera. Hay algunas cosas que hacer, como visitar sus parques, pero en líneas generales es como una ciudad argentina de tamaño medio. Avenidas grandes, eso sí, tranquilidad y cierta seguridad. Se está bien, pero su fuerte está en sus alrededores. Lo habitual es ir al cañón del Atuel, un lugar increíblemente explotado turísticamente, entre otros lugares instagrameables como por ejemplo el laberinto de José Luis Borges que no es que sea un lugar maravilloso, pero que tiene una excursión de un par de horas.

El cañón de Atuel es súper bonito, con unos colores rojizos y anaranjados que contrastan totalmente con el agua de color turquesa oscuro. Es una placer pasear sin dejar de observarlo y por supuesto fotografiarlo, no os quepa duda. Podéis pasar todo un día en él disfrutando del paisaje o si os apetece participar en la movida turística más anunciada. Los catamaranes os dan una vuelta por el pantano o también os podéis animar, si sois intrépidos aventureros, a lanzaros desde una montaña en la tirolina.

Por cierto, una cosa que me gustó de San Rafael fue su vieja estación. Un lugar bastante melancólico en donde uno puede imaginar como eran aquellos lugares en donde comenzaban bonitas historias llenas de sueños, algunas veces rotos, y aventuras que nunca sabremos como acabaron.

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De viaje por la Patagonia Argentina

Nieve no, por favor

Soy consciente de que en invierno se va a Bariloche por la nieve. Unos porque nunca la han visto, otros porque desean esquiar. Yo ni por una cosa ni por la otra. Me aventuré en una ruta de quince horas en bus hacía el lugar más conocido de toda la Patagonia porque creo que soy adicto a aventurarme, así, sin explicación alguna. Voy y voy, porque puedo y porque me aburro si no hago estas cosas.

En realidad hice tantos kilómetros por dos razones: Una, porque desde ahí sale el tren patagonico y otra porque todo el mundo me decía que tenía que venir. Yo, que soy medio lelo, me oponía porque pensaba que es como Europa central en invierno. Lo mejor de todo es que tampoco he estado en Europa central en invierno como para poder hacer una comparación fiable, así que el esperpento puede ser mayor. He viajado por Bélgica o Rumanía en época de nieves, pero no por los Alpes, ni en invierno ni en verano (a Austria sí, pero no sé si cuenta), así que no sé por qué demonios tenía eso metido en la cabeza.

Por lo que sea, no me apetecía, o mejor dicho, no era un lugar favorito para viajar por Argentina. Es caro, efectivamente, está a tomar por saco de los lugares que me gustan de verdad y a mi la nieve ni fu ni fa. Al final vine, ya está, eso es lo que hay que sacar en claro después de tantas vueltas a la perdiz.


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Una Argentina poco conocida


Después de unos cuantos días en Bariloche, no muchos tampoco, debería tener claro si efectivamente estaba en lo cierto sobre la idea que me rondaba la cabeza o si por el contrario estaba totalmente equivocado. Y creo que no, no lo tengo nada claro. Efectivamente Bariloche, la ciudad, es un poco desastre. Un patio de los horrores del consumismo, de una cierta cutrez y de la pose ególatra, de los precios elevados (inflados), lo cuqui, las fashion victims y los bautismos de nieve, de todo aquello que yo he criticado cuando me he acercado mínimamente a la nieve en el norte de mi región. De hecho hay una diferencia tal con lo que he visto en el resto de Argentina que parece que esté en Andorra, el principado, y no en el sur de América.

El colmo de todo ha llegado en Llao Llao, la zona de panoja cerca del hotel en donde había un magnifico campo de golf en medio de la naturaleza. Hombre, por Dios, de verdad, qué falta de buen gusto.

Jamás volvería, lo digo claramente, de hecho llevo tres noches y tengo ganas de irme. ¿Qué es lo que me lo impide? Primero, que la naturaleza en este lugar es muy bestia y segundo, y esta es la razón real, que mi tren sale dentro de un par de días y no hay otro antes.
Sí, la naturaleza es increíble, mejor incluso que las tiendas de ropa de montaña y nieve, mejor incluso que las cervecerías de madera de corte alpino. Lo poco que he visto me ha volado la cabeza. Cordillera nevada que surge de unos lagos que parecen mares, con unas aguas turquesa preciosas que mueren en playas perdidas y vacías en esta época del año y que en verano serán como un bazar turco, atestadas de gente, pero sin brasileños. Los ciudadanos de ese país que ahora llenan sus calles gracias a la nieve, en época de calores no abarrotarán sus tiendas de souvenirs por razones obvias, aunque pensándolo bien, igual de aquí a unos años cambia la tendencia por culpa del calentamiento global. Una situación negada por la gran mayoría de sus habitantes, fans de Bolsonaro y esa cuadrilla de locos, muchos de ellos esquiadores visitantes en Bariloche. Es posible que en un futuro vayan buscando el fresquito patagónico porque en sus famosas playas no se pueda ni respirar.

De lo poco que he visto me quedo con todo. Hablo de la naturaleza, obviamente, porque todo es bonito. Una línea montañosa y nevada, rodeada en su base por una vegetación andina que en nada se parece al resto de la Patagonia.
Podría recomendar la playa del Correntoso en Villa Angostura, en donde está lo que se ha denominado como el río más corto del mundo. Hablaría del circuito chico cerca de la ciudad de Bariloche y de poco podría hablar más, porque voy a estar muy poquito tiempo. Creo firmemente que se necesitan muchos días para poder apreciar como Dios manda este lugar en el mundo, hay tanto que ver, tantos lugares, miradores…
En cuanto a eso no hay pega ninguna, todo lo que pueda decir va a ser poco: Es sencillamente espectacular.

Así que al final sí, me acerqué a Bariloche aunque no quería y el resultado final ha sido satisfactorio. Hay algunas cosas que me tiran para atrás, como lo nombrado anteriormente y que no voy a repetir, pero en esencia es un lugar extremadamente bonito y ojo, hablo solo de lo que he visto en cinco días que prácticamente es nada, pero efectivamente, como me dijeron el año pasado, todo suma, todo es bienvenido, de todo aprendemos, todo es fascinante si te dejas maravillar.

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2 comentarios sobre «De viaje por la Patagonia Argentina»

  1. Ceci dice:

    Hola!!! Qué buen relato de tu viaje! Recien caigo por aquí desde los viajeros. Voy a ir leyendo de a poco porque creo que me van a gustar tus relatos.
    Comento por parte, interesante tu análisis sobre la limosna, el dar, a quien damos… es para un debate largo. Yo tengo la misma filosofía, pero con el tema de dar a la gente que está en la calle. A los nenes no les doy, es una ley inviolable!
    Sobre la propina, tenés razón, el tema es que los empleadores de los bares se abusan y les pagan una miseria, con lo cual, es el que consume el que termina pagándole el sueldo al camarero.
    Lo que decís de los baños, yo ahí también dejo, porque la persona que vive de eso, normalmente limpia el baño y se asegura de que haya papel. Más que pedir, lo veo una forma de «tomar un trabajo» por parte de alguien, aprovechando un servicio que nadie está dando.
    Y bueno… ir de turista a Argentina es una cosa, y otra muy distinta es vivir. Y si estás hace 4 meses, estás viviendo un poco. Cuando vivís en Argentina ves otras cosas, y sí… Somos muchos los que no entendemos tantas cosas que ocurren en Argentina. Bienvenido al club!

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    1. Chema Fk dice:

      Muchas gracias por tu tiempo al enviar este mensaje! Un regalo por tu parte 🙂
      Efectivamente cada uno de nosotros se ve en una tesitura diferente al actuar con respecto a las cosas que va viendo en el país que visita.
      En todo caso son reflexiones personales, ni tan siquiera una crítica.

      Un honor que te pases por aquí a leerme 😊

      Responder

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